Cada vez era más tensa la situación entre los dos partidos: los sordos del Norte y los sordos del Sur. Los sordos del Sur (cuyo distintivo era una bandera colorada) tiraban diariamente cinco cañonazos, pero como los sordos del Norte (cuyo distintivo era una bandera blanca) no los oían, el efecto intimidatorio no era demasiado exitoso. Los sordos del Norte, por su parte, ametrallaban noche a noche los baluartes sordisudeños, pero los sordos del Sur seguían imperturbables jugando a la escoba de quince. Apenas si una noche un cabo dijo: “¡Salud!” al sargento, creyendo que éste había estornudado.

El gasto de municiones aumentaba semana a semana, pero el hecho de que no hubiera bajas en ninguno de los bandos (o por lo menos que no se oyera cuando bajaban) comenzó a preocupar seriamente a los comandos respectivos. De común acuerdo resolvieron efectuar una reunión secreta (o sea que sólo fue comunicada al Pentágono) a fin de regularizar la situación bélica.

Dos sordos del Sur se encontraron, en un lugar equis de la frontera, con dos sordinorteños, en tanto se hacía llegar a ambos ejércitos (por escrito, ya que vía oral no es demasiado segura entre los sordos) la orden de un provisorio alto al fuego.

La reunión supersecreta, a la que aparte de los delegados sólo asistieron periodistas de la UP, la AP y la P, tuvo lugar en una tienda de campaña. El primero en hacer uso de la palabra fue uno de los delegados de los sordos norteños, quien dijo: “Hemos llegado a la conclusión de que ustedes, los sordos del Sur, son una reverenda porquería”. No bien observaron, por el movimiento de los labios, que el delegado norteño había concluido su intervención, los delegados de los sordos sureños sonrieron complacidos, y uno de ellos expresó con voz serena: “En el Sur hemos comprendido por fin que ustedes los sordos del Norte son una bazofia”.

A continuación, y mientras los fotógrafos de la UP, la AP y otras P, tomaban sendas fotos, los cuatro delegados se abrazaron, y aprovecharon para brindar por el luminoso futuro de los partidos sordos tradicionales.

Mario Benedetti. LETRAS DE EMERGENCIA. Editorial Nueva Imagen. México, 1977.

 

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