Por Gregorio Luke

Es difícil concebir un desafío artístico mayor al que se ha planteado José Sacal en sus paráfrasis. Se trata nada menos, de esculturas inspiradas en obras conocidísimas como El Grito de Munch, La Venus de Botticelli o el Guernica de Picasso. Sacal capta la esencia de la original y al dialogar con ella, nos invita a descubrirla de nuevo. Para poder enfrentar un reto así se requiere un ojo experto, manos sabias y la temeridad de medirse con las obras maestras del arte universal.

A través de su carrera Sacal se ha dedicado a redefinir lo que puede hacerse en la escultura, ha hecho esculturas de temas poco explorados como los pies, las rodillas o los corazones. Reconstruye y disecta torsos, experimenta con texturas, hace cuerpos que se entrelazan o se alargan y transforman en formas geométricas. Ha hecho esculturas de animales reales e imaginarios y retratos de personajes históricos, donde incorpora toda clase de objetos. Para Sacal todo es posible, la materia es dúctil y flexible. En sus manos la fantasía se vuelve real y tangible.

Cuando su maestro Francisco Zúñiga vio su obra por primera vez dijo: “este es un escultor nato” y supo guiarlo respetando su independencia. De su maestro, Sacal aprendió la importancia del oficio, el no conformarse hasta que el bronce “respire”. Sin embargo, las diferencias entre maestro y alumno no podían ser mayores. Zúñiga encontró su identidad en lo indígena, retratando una belleza opuesta a la occidental. Sus esculturas son terrenas, enraizadas en su propia tradición. En contraste, Sacal encuentra inspiración en mundos distintos al suyo. Su obra se sustenta no sólo en lo que ve, sino también en lo que sueña e imagina.

Si hay una constante en las obras de Sacal es precisamente el cambio, la experimentación permanente. Sacal nunca se repite, siempre busca cosas nuevas. Como Picasso, entiende que lo importante no es sólo el destino sino el camino. Vale la pena detenerse en el trayecto que ha recorrido.

Paradójicamente, Sacal recibió las primeras lecciones de estética en la tienda de su padre. Era un adolescente tímido. Le costaba trabajo hablar con los clientes y venderles cosas, para evitarse estas faenas, se dedicó a re-hacer los escaparates de la tienda. Experimentaba con los colores y las texturas y usaba toda clase de objetos para desplegar los productos. Aprendió a manipular los elementos visuales para captar la atención y guiar la mirada del público. Diseñar escaparates ofrecía la ventaja adicional de una retro-alimentación inmediata: las cosas se vendían o no.

La familia nunca vio con buenos ojos las inclinaciones artísticas de José, durante mucho tiempo tomaba clases de arte clandestinamente. Para complacer a su padre se inscribió en la carrera de medicina. Pero extrañamente todo contribuía a su formación como artista. En esa época se acostumbraba dar a cada estudiante de medicina un cadáver para practicar disecciones. Sacal pintó su cadáver de distintos colores, definiendo los músculos, las arterias y las venas. El contacto diario con un cadáver le permitió conocer el cuerpo humano de una forma mucho más profunda que en una clase de dibujo convencional.

Al mismo tiempo asistía a la Castañeda y convivía con enfermos mentales. Le impresionaban sus expresiones, el poder aproximarse a los límites gestuales del ser humano. Durante su estancia en La Castañeda conoció rostros y cuerpos desinhibidos, desprovistos de máscaras sociales. Organizó además talleres artísticos para los enfermos mentales y conoció su forma de pensar y ver el mundo.

En 1969 se casó con Silvia Farca, cuya familia tenía tiendas de vestidos de novia. Por años se dedicó a diseñar ropa y adaptar vestidos originalmente diseñados para cuerpos europeos o norteamericanos a cuerpos mexicanos. Si en las clases de medicina había aprendido a conocer los cuerpos por dentro, ahora podía analizarlos con ropa y en movimiento.

Otro aspecto muy importante en su formación han sido sus largos viajes a lugares inexplorados. José y Silvia Sacal han vivido largas temporadas en aldeas chinas de unos cuantos habitantes, convivido con indígenas del Amazonas, con aborígenes en Australia o antropófagos de Nueva Guinea. Han recorrido los polos, las selvas y los bosques. Han observado de cerca la diversidad geográfica y humana.

Como parte de sus viajes Sacal ha pasado largas horas en museos. No hay museo importante que no conozca y los recorre con la misma intensidad con la que estudia el resto de las cosas. La suya es una observación apasionada y vital. Las esculturas de este libro en las que José Sacal hace una recreación o paráfrasis de las obras que ha observado, son el resultado de este diálogo con el arte universal.

Dice Sacal: “Primero observo la obra de arte, trato de entender su dimensión en el espacio, me la grabo en el inconsciente, hago apuntes, a veces hasta la sueño. Pero cuando hago la escultura dejo que fluya el sentimiento libremente, a veces hasta destruyo los apuntes. Durante el proceso creativo nunca veo fotos o dibujos de la obra, pues acabaría copiando.”

La pregunta siempre es: ¿Cuál es la esencia? En el David por ejemplo, lo importante es la belleza y la fuerza. En el Moisés la severidad. En otras ocasiones Sacal crea la obra a partir de un elemento que el artista ha pintado reiteradamente como la Mujer con Iguana de Anguiano o las cosas que interesaron al artista, como es el caso de Diego Rivera, donde la escultura reúne sus dos pasiones: mujer y pirámide.

La resolución es siempre distinta. La esencia de los personajes se encuentra de manera intuitiva, sin saber de antemano como se va a resolver: “El Moisés es en un noventa por ciento pelo y barbas. En La Venus de Botticelli encontré que el viento es fundamental y había que expresar ese movimiento. En Venus hice el rostro muy influenciado por Silvia, mi mujer y dejé que el viento atravesara la escultura”

 

Algunas paráfrasis son una síntesis de muchas obras, tal es el caso de Modigliani. No está basada en ninguna obra específica, es una forma inventada. Pero a pesar de ello se reconoce de inmediato. Aquí Sacal capta ese alargamiento exquisito del maestro italiano. En otros casos la pintura que se escoge como punto de partida no es lo más conocido del artista, tal es el caso de Georgia O’Keefe, de quien se conocen sus flores pero Sacal escogió sus edificios. En la escultura Sacal maginó el edificio como un cuerpo humano inclusive le hizo alas que recuerdan a la estatua de la libertad.

En Grant Wood la escultura es la expresión de los dos personajes capta lo dominante de él, la frustración y la infelicidad de ella. El tranchete se continúa en el cuerpo cortado de la escultura. Para Sacal los cortes denotan luto y sufrimiento. Otra escultura donde los cortes expresan dramatismo es El Grito de Munch, es tan convincente esta escultura, que nos hace ver el dolor, como si pudiéramos tocar la angustia.

A partir del Guernica de Pablo Picasso hizo dos esculturas: Llorona donde se enfatizan las lágrimas a través de la magnificación de las pestañas y Caballo cuyo sufrimiento se expresa en los cortes y en los dientes. Dice Sacal: “siempre que sufrimos mostramos los dientes. En estas esculturas me sirvió mucho mi experiencia con los enfermos mentales, ellos siempre pintaban ojos y dientes, yo trato de evitarlos porque siento que en ellas hay distorsión mental.”

Hay ocasiones en las que Sacal parece meterse en el cuadro y observarlo por dentro. En las Meninas de Velázquez por ejemplo, la figura cuelga como si la estuvieran ahorcando. Al elevarla la vemos de diferentes ángulos y la desnudamos, nos asomarnos a su intimidad. En otros casos las paráfrasis son retratos del artista. Hay dos esculturas dedicadas a Dalí. Una es personaje construido con formas de cajas, la otra es una figura femenina con la cabeza de ladrillos. Los ladrillos para Sacal significan construcción.

En el caso de Frida Kahlo la escultura está inspirada en el personaje y en la obra. “Son dos Fridas pero no lado a lado como en su famosa pintura, eso hubiera sido una solución aburrida. Puse una Frida atrás de la otra, cada una expresa aspectos distintos del personaje: una la mexicana y otra la europea. La diferencia entre las Fridas se acentúa con la textura del bronce. Dice Sacal: “Zúñiga usaba las texturas para expresar lo indígena, la textura es lo más mexicano en la obra de Zúñiga.”

Lo más emocionante de las paráfrasis de José Sacal es ver cómo un artista mexicano está renovando el lenguaje escultórico universal. Sacal es un artista vibrante, lleno de ideas, Tiene el oficio y la originalidad para abrir nuevos caminos e intentar cosas que no se habían hecho antes. La obra de Sacal es la inteligencia transformada en bronce.

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