Anselm Kiefer y su Die Argonauten (2004)

Por Luis Ignacio Sáinz

¡Qué extraño es vagar en la niebla!
Ningún hombre conoce al otro.
Vida y soledad se confunden.
Cada uno está solo.

Hermann Hesse (1877-1962): En la niebla (1)

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Anselm Kiefer (1945): Die Argonauten, 2004. Técnica mixta, papel fotográfico y cartón sobrepuesto, 37¼ x 54⅞ pulgadas, 94.6 x 139.4 centímetros.

 

La obra de tan extraordinario compositor de formas y conceptos, oscila de la conciencia histórica a la responsabilidad política. Enemigo de la amnesia de la sociedad alemana tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial, Anselm Kiefer es un testimonio vivo de que nunca habrá sanación sin reconocimiento del saber de la violencia, lo que exige demoler la fortaleza de la ignorancia artificial, falsa, pues las masacres y los despojos eran de sobra conocidos y hasta festejados por un colectivo entregado a creer en la inevitabilidad del Reich de mil años.

La negación de los acontecimientos cubre un territorio enorme, vastísimo, desde el “yo no supe”, “nunca me enteré”, hasta el “cumplía órdenes”, “seguía instrucciones”, coartadas débiles y cínicas que han protegido como muralla a más de una generación criminal de teutones, por obra o por omisión. La banalización del mal ejemplificada en las respuestas de Adolf Eichmann, “hacía mi trabajo y cumplía con la ley”, durante su juicio en Israel (1961), tras haber sido “secuestrado” en Buenos Aires (2).

Reflexiones profundas y denuncias cabales impregnan sus objetos de expresión (pinturas, esculturas o fotografías) tan interesados en ser manifestaciones de un sistema de pensamiento, que desdeñan la belleza de los ingredientes-componentes y los acabados, para concentrarse en el poder de su sentido. Acude entonces al collage y al assemblage para resignificar tales accidentes objetivos (elementos tóxicos como el alquitrán de hulla y el plomo, fragmentos y residuos de armamento bélico, remanentes recolectados de alambre, paja, yeso, barro, ceniza, polvo y orgánicos como flores o plantas), abrevando de las fuentes más disímiles, el ciclo de los Nibelungos, el misticismo judío y la Cábala, la filosofía del lenguaje (Martin Heidegger), la microfísica del poder (Michel Foucault), la poesía (Paul Celan y su Todesfuge: “…y subiréis como / humo en el aire / y tendréis una tumba en las nubes no se yace / estrechamente allí” [3]), la teoría crítica (en especial Walter Benjamin y Theodor W. Adorno), por mencionar algunas de sus coordenadas.

Prestemos atención al título y al motivo icónico principal de la representación: Los argonautas y el submarino como artilugio guerrero, que aparece en otras obras de Kiefer. El núcleo ordenador del episodio mitológico, desde esta composición y en el corpus de su creador, reside en el viaje, en ese movimiento liberador, salvífico, tiempo de la comprensión, y rescate de la historia al inquirirse acerca de los orígenes de esta encomienda: los fundamentos del reclamo al trono de Iolcos en Tesalia, que usurpara Pelias de su legítimo heredero Esón, el padre de Jasón. Por ello el énfasis se pone en la tripulación y el vehículo, ya no en la búsqueda del objeto precioso: el vellocino de oro (Xρυσόμαλλον δέρας). 

Piel, zalea o vellón hecha de oro, poseedora del atributo del vuelo, que cubriera al carnero hijo de Poseidón y Teófane. Ser alado llamado Crisómalo que cumpliera la misión de salvaguardar a Heles y Frixo los vástagos de Atamante, monarca de Orcómeno en Beocia, y Néfele, quien será repudiada por el esposo, permitiendo así los esponsales con Ino, heredera de Cadmo, quien celosa de los menores decide asesinarlos. La madre, deidad de las nubes, los insta entre sueños a transportarse en su lomo sobre el mar para conservar sus vidas. En el trayecto Heles se precipita y muere ahogado en un piélago que en su honor se denomina Helesponto, mientras el hermano arriba a las costas de la Cólquide, en el extremo oriental del mar Negro, donde es protegido por el rey Eetes. Sacrificará al animal y colgará la delicada fárfara áurea de la rama de un roble, que será custodiada por un dragón.

 

La nave será de la clase trirreme. Diseñada por Argos, será nombrada en su honor: Argo, recuérdese el significado de la voz ἀργός: “veloz”, “rápido”. Su construcción será vigilada por Atenea, ensamblada con madera de los bosques del monte Pelión, en Tesalia. Su proa poseía el don de la palabra y de la profecía, hecha con tablones de árboles de la región de Dodona, en las faldas del monte Tomaros, famosa por su oráculo, solo superado en fama por el de Delfos, cuyo surgimiento se remonta al año dos mil antes de Cristo de acuerdo con Herodoto. En el bosque sagrado se interpretaba el crujido del roble o la haya para elegir las acciones a emprender. Más recientemente esta versión se matizó, centrándose en que el sonido emitido por los objetos de bronce que pendían de las ramas al contacto con el viento, semejante a los carrillones, constituía el código y el mensaje a descifrar.

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Teatro de Dodona, la moderna villa Dodoni y las cumbres nevadas del monte Tomaros.

 

Todas las versiones de esta cruzada de la ambición son fascinantes, atrapan nuestra atención, y cumplen a rajatabla los términos y las condiciones de lo que pasado muchísimo tiempo denominaremos “novelas de aventuras”. La salida del puerto Iolcos en la costa de Págasas, la controversia en torno al nombramiento del timonel en jefe (¿Jasón o Heracles?), las estancias en la isla de Lemnos y los olores del cuerpo –castigo de Afrodita- ante la exaltación sensual, la balsa flotante de Electra (Samotracia) y los rituales de iniciación, Orfeo mediante, la tempestad que les anula el rumbo haciéndolos encallar en el puerto de Sigeo, en plena tierra firme, a tiro de piedra de Troya, dónde Heracles exterminará al monstruo marino, especie de pulpo o calamar gigante, enviado por Poseidón, a punto de celebrar festín a costa de la encadenada Hesíone, hija ofrendada por el rey troyano Laomedonte a la deidad oceánica; el arrecife-atolón de Cícico, donde fueron agasajados por los doliones, y donde al embarcarse serán presa fácil de un ciclón que generará una tragedia de equivocaciones, pues al triunfo de la oscuridad serán lanzados de nuevo a su lugar de salida, sin que ninguno de los argonautas se percatase, mientras sus antiguos anfitriones desconociendo la identidad de los náufragos, los toman por piratas y se desata la trifulca, donde los isleños salen peor librados, pues hasta su gobernante cae abatido por la espada de Jasón, al amanecer cobran conciencia de los desatinos sangrientos, organizan exequias, levantan una estatua a Rea en el monte Dídimo, la esposa de Cronos; y prosiguen las andanzas sin fin…hasta coronar la expedición sisando el vellocino de oro y regresar en pos del reino, ahora ya casado el héroe con Medea, la hija del noble al que le han birlado el fetiche milagroso que se remonta en desafío de los aires. Empero, el trono se le negará de nuevo, pero no a su hijo Tésalo…

Anselm Kiefer no es un fabulador, tampoco un juglar; de modo que se abstiene de narrar mitos o leyendas. Recurre al imaginario de las diversas culturas y civilizaciones del orbe, sólo para, a manera de símbolo generativo, indicar un origen o detonador del concepto que esgrime en su vocabulario plástico. Lo hará, y esa es una de sus tantas singularidades, con armonía, belleza y austeridad. Compositor ajeno a los trucos y los efectos, ya que apela a nuestra inteligencia sensible, eludiendo las complicidades derivadas de la fantasía. Cercano a la concepción nipona del kikubari (気配り), el estar consciente de que todos formamos parte de una comunidad de diálogo y destino; es el reconocimiento del otro, sus necesidades y deseos, que nos permite adelantarnos al parecer del interlocutor, ahorrándole hasta sus solicitudes o denuncias.

Por fin llegamos al transporte bajo el agua. U-Boot, abreviatura del alemán Unterseeboot, « nave submarina», en plural U-Boote, es la denominación dada a los sumergibles desde la Primera Guerra Mundial. La historia de la U-Bootswaffe («Arma submarina») está íntimamente ligada a Karl Dönitz, el creador de esta fuerza a partir de 1919, quien ocupó una de las 1500 plazas de oficial que el Tratado de Versalles le concedía a la República de Weimar. Colaboró con Erich Raeder y Wilhelm Canaris, e introdujo en 1936 las tácticas de manada (en alemán, Rudeltaktik): consistente en el ataque masivo contra un convoy. (Modalidad empleada por los estadounidenses contra los japoneses en el Océano Pacífico).  Este almirante empleó la palabra alemana Rudel para describir esta táctica, dado que hace referencia a una manada de animales. El término en inglés, más extendido, es wolf pack o manada de lobos. Las dudas que sembraban estos entes acuáticos de las profundidades tendrían su punto de inflexión con un U-47 al mando de Günter Prien, tras el hundimiento del HMS Royal Oak en Scapa Flow, la principal base de control del Atlántico del Reino Unido, el 14 de octubre de 1939.

 

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Fuente: Los datos provienen de las hojas de servicio de los oficiales. Remítase a: https://www.uboat.net/men/[apellido oficial].htm

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Shipyard Germaniawerft AG of F. Krupp in Kiel, a orillas del mar Báltico, capital del estado federado de Schleswig-Holstein. Allí se construyeron 131 U-Boote para la Kriegsmarine, incluyendo 15 del tipo VII B, uno de ellos es el U 47 de la izquierda (G. Prien: My Way to Scapa Flow).

Sofisticada y a distancia, la guerra oceánica, librada en una miscelánea de frentes dinámicos, en rotación y traslación permanentes, deviene un enfrentamiento de talante impersonal hasta cierto punto, pues en las batallas navales donde participan los U-Boote y otros de su especie se manifiesta en su gloria y podredumbre la lucha entre lo alto y lo bajo, esos planos distintos de la existencia. A ciegas, arbitrada por la precariedad del sonido en esos dispositivos de localización llamados radares y los sonares a partir de los cuales se dan a conocer, los cruceros y destructores de superficie y los submarinos de profundidad, juegan al gato y al ratón sin que pueda discernirse quién es la presa y quién es el predador. Bajo la velada alusión de Argos y de los argonautas, más el ansia de absoluto que define a la nave y sus marineros, Anselm Kiefer nos muestra y demuestra que la crítica puede ser profunda, simbólicamente refinada, preñada de historicidad, decidida al límite, sin ceder siquiera un suspiro a su condición de obra de arte.

Enjambre de pistas, Die Argonauten (2004) es la pintura que va más allá de la pintura, no por alarde del oficio que persigue el aplauso, sino porque puede… Y por si fuera poca cosa todo lo escrito, falta apuntar simplemente, el interés del artista por un poeta súbdito del misterio de los números y del tiempo: el futurista Velimir Khlebnikov (1885-1922), quien formula una ecuación que le permite predecir que cada 317 años, o la lógica de su múltiplo, ocurrirá un conflicto naval de grandes proporciones. Esto como resultado del análisis de episodios clave en la historia de la humanidad. El submarino da cuerpo a una vigorosa metáfora contemporánea de la destrucción, que opera de gozne entre la pieza de Kiefer y el modelo teórico de las dimensiones del tiempo de Khlebnikov (4).

Triunfo de la razón, victoria de la esoteria. En algún lugar y como si tal cosa, Anselm Kiefer ha resumido su visión de mundo:

            Ruins, for me, are the beginning. With the debris, you can construct new ideas. They are symbols of a beginning (5)

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Velimir Khlebnikov (1916).

[1] Im Nebel: “Seltsam, im Nebel zu wandern! / Leben ist einsam sein. / Kein Mensch kennt den anderen, /

[2]  Se trata de la cobertura del juicio que hiciera la filósofa judía alemana Hannah Arendt, adscrita a la Universidad de Chicago, para la revista The New Yorker. Después apareció como libro: Eichmann in Jerusalem. A Report on the Banality of Evil (1963).

[3] Fuga de la Muerte, escrito tras sobrevivir al campo de concentración en 1945 y publicado por primera vez en 1948. El fragmento original reza: “…dann steigt ihr als Rauch in die Luft dann habt ihr ein Grab in den Wolken da liegt man nicht eng“. Rumano de lengua alemana, nació en la Bucovina (1920), se suicidó en París en 1970 sin superar el Holocausto (la Shoa) y padeció, como si fuese una condena, la contradicción de manifestar la agonía judía en el idioma del verdugo. Estos cuantos versos expresan el dolor límite de no disponer del cuerpo para honrar al fallecido y cumplir con la Halajá, que prescribe enterrar al difunto en la tierra.

[4] Khlebnikov, Velimir: The King of Time. Selected Writings of the Russian Futurian, translated by Paul Schmidt, edited by Charlotte Douglas, Cambridge, Massachusetts, London, England; Harvard University Press, 1985, 255 pp. La misma editorial universitaria rescató toda su producción en tres volúmenes, que incluye I: Cartas y escritos teoréticos, 1987; II: Prosa, obras de teatro y súper-sagas, 1989s; III: Poemas seleccionados, 1997.

[5] “Las ruinas, para mí, son el comienzo. Con los escombros, puedes construir nuevas ideas. Son símbolos de un comienzo”.

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