Por Rafael Gumucio

 

El siglo XX fue el siglo del insomnio. La forma más concreta de la desesperación: no dormir, estar siempre vivo, estar doblemente vivo y quizás triplemente muerto también.

 

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El insomnio, dicen los médicos, acorta la memoria. Este siglo que como ninguno maneja archivos, recopila documentos, y que no duerme intentando recordar el más mínimo acontecimiento es el que más rápido olvida.

 

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El siglo XX ha sido el de las complejidades que lo simplifican todo.

 

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Típica confusión periodística: el tiempo y el espacio. Llaman exótico lo que es arcaico.

 

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El rey fue decapitado; pero Versalles y todos los castillos (menos las Tullerías algunos años después de la Revolución) quedaron intactos. Hogares ya no de hombres sino de una idea, de una jerarquía que funciona a la perfección sin que un jerarca la dirija por derecho divino.

 

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Triste destino francés, pasar de ser universal a ser sólo universitario.

 

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Chile país vertical suelta al pasar Jodorowsky. País estrecho y jerárquico; nadie puede sentirse en Chile a sus anchas, nadie puede postular a la amplitud.

 

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Lamento sudamericano: “No tenemos futuro, pero eso no es lo más grave; lo peor es que no tenemos pasado al cual echarle la culpa.”

 

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La palabra “corrupción” de alguna forma exculpa al ladrón. El que recibe sobornos, el que recorta presupuestos, no es un simple delincuente, sino parte de una gran mecánica teologal, de una inevitable caída del estado de gracia al infierno de la tentación.

 

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La obsesión por la corrupción casi siempre denota una nostalgia por un orden anterior a la democracia. En ésta, un vecino cualquiera, un tipo como tú, puede llegar a ser presidente. Un señor cualquiera puede tener poder. En las mentes latinoamericanas (pero también en las mentes españolas o italianas) no sabemos confiar en un igual, vigilar a un igual, juzgar aun igual sin soñar; sin esperar que sus alas de cera se quemen al sol.

 

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El izquierdista suele hablar de sentimientos cuando tiene que dar razones, y enumerar razones cuando se supone que confiesa sentimientos.

 

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Todos los que piensan distinto a mí están equivocados, empezando por mí mismo: el más equivocado de todos.

 

 

Publicado en el número 27 de la revista LÍNEAS DE FUGA, editada por Casa Refugio Citlaltépetl, A.C.

 

 

 

 

 

 

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