Celebramos 15 años compartiendo lo extraordinario

Celebramos 15 años compartiendo lo extraordinario

Cuando Sandra Arvizu y yo arrancamos la Plataforma de Difusión Cultural Arte Mx en el año 2010, teníamos la firme convicción de que el compartir contenidos relacionados con el Arte era un camino importante y un enorme compromiso. En ese entonces Facebook tenía pocos años de haber salido de las universidades al mundo y la aplicación de Instagram se lanzó justo en ese año. Es decir, las redes sociales, estaban prácticamente en pañales y es quizá por ello que muchas personas lo que posteaban eran fotografías de lo que estaban comiendo o bien… de sus zapatos.

Sandra y yo pensamos que algo así era tan superficial como aburrido. Ella se enfocó en una seria y concienzuda investigación de contenidos que —poco a poco— fue atrayendo a las personas que voltearon a ver un perfil llamado Arte Mx y que, por lo mismo, señalaba exactamente cuál era nuestra materia de interés. A las redes sociales se sumó un programa que, en un principio, se transmitió en la estación de radio en línea Código CDMX de la Secretaría de Cultura y un par de años después (y hasta la fecha) se transmite los jueves a las 10 am en el 94.1 de FM, la estación de la Universidad Autónoma Metropolitana. Una pequeña galería de arte ubicada en la Colonia Roma donde realizamos por un tiempo exposiciones y nuestra revista digital hospedada en el sitio web se sumaron a los esfuerzos de difusión en los que trabajamos de manera infatigable.

A quince años de distancia muchas cosas han cambiado: la cantidad de usuarios de las redes sociales ha crecido enormemente; los algoritmos son cada vez más implacables; los teléfonos ahora realizan una gran cantidad de funciones que nos permiten estar conectados en forma permanente; nos azotó una pandemia; las plataformas de streaming no eran lo que son ahora, etcétera.

A tres lustros de distancia nuestra certeza acerca de la importancia de compartir contenidos que son significativos por su belleza, por su relevancia histórica o por el interés que despiertan las manifestaciones artísticas, nos da la razón al ver que la imagen de Los Sátiros de Rubens tiene 12 mil vistas; que una fotografía de Miró junto a sus cuadros alcanza 75 mil vistas; o que la fotografía de una escultura de Leonora Carrington realizada en el Museo Nacional de Arte durante una exposición tiene casi 800 mil likes y cientos de comentarios, solo por citar algunos ejemplos de lo que ocurre todos los días y que son verídicos y comprobables.

Desafortunadamente Sandra Arvizu falleció en 2021, sin embargo, hemos tratado de continuar su legado manteniendo el perfil de Facebook con su nombre; editando MÁS QUE LA SED AMA EL AGUA un libro póstumo con su poesía que se presentó a principios de este año y que marcó el inicio de nuestro proyecto editorial; hemos alcanzado cerca de 500 entrevistas realizadas en nuestro programa de radio; la Fanpage de Facebook cuenta actualmente con una comunidad de más de 120 mil seguidores. Es por ello que nuestra celebración de quince años compartiendo lo extraordinario está dedicada a ella, a su labor incansable e inteligente y a su gran sensibilidad que siguen siendo la ruta a seguir para un proyecto en el que puso todo el corazón.

Héctor Ramírez

NOTA

La celebración se llevó a cabo el 25 de noviembre de 2025 en la conocida cantina La Covadonga ubicada en la colonia Roma Norte. A la convocatoria asistieron una gran cantidad de artistas de las más diversas disciplinas. La reunión estuvo llena de encuentros, reencuentros, nuevas amistades y nuevos proyectos, todos respondiendo al poderoso llamado del Arte.

Cuando el dinero se volvió arte: Warhol, Basquiat y Haring pintando billetes

Cuando el dinero se volvió arte: Warhol, Basquiat y Haring pintando billetes

Por Juan José Díaz Infante

«Tacho las palabras para que las veas más;

el hecho de que estén ocultas hace que quieras leerlas»

Basquiat

En los años ochenta, tres artistas neoyorquinos convirtieron el símbolo más poderoso del capitalismo —el billete de un dólar— en objeto de reflexión estética. Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat y Keith Haring, cada uno desde su lenguaje visual, entendieron que el dinero no solo compraba arte: podía serlo.

Los políticos y los economistas generaban otras teorías como Reaganomics. Se sostenía que, si los empresarios tenían más capital, se generaría empleo y la riqueza “derramaría” hacia las clases bajas (la famosa trickle-down theory). Milton Friedman (Universidad de Chicago): controlar la inflación regulando la cantidad de dinero en circulación, en lugar de usar políticas fiscales expansivas. Keynes iba de salida, Friedman, Hayek, Gary Becker: el mercado es el mejor regulador de la sociedad; el Estado debe reducir su papel. Si hablamos de México, se hizo todo lo contrario en los 80s y la teoría estricta: defender la moneda solamente como perros y México se vio envuelto en hiper inflación por andar imprimiendo papel. Desde entonces, México ha perdido el valor de su moneda más de 64000 % desde entonces.

Entender el fenómeno de valor hoy en día es fundamental, Warhol, Basquiat y Hering lo infirieron en los ochentas, si no crees en el sistema crea tu propio sistema. Así hoy en día Facebook es un país con 3 billones de usuarios activos versus china con 1.4 billones de población. Bitcoin fue inventada por Satoshi Nakamoto, una moneda sin país y sin responsable.

Vale la pena reflexionar, sobre un fenómeno que un dólar sin firma de Warhol vale 1 dólar, firmado por el artista, puede llegar a valer en una subasta más de 5000 dólares.

Warhol, el gran alquimista de la cultura pop, ya había transformado las latas de sopa y los retratos de celebridades en mercancías artísticas. Pero cuando intervino billetes de dólar, firmándolos o usándolo de sujeto multiplicando su imagen en serigrafías, hizo algo más radical: cuestionó el valor mismo del arte en una sociedad obsesionada con la fama y el consumo. Warhol, Basquiat y Haring, finalmente entendieron que había que imprimir su propio dinero.

Haring, Warhol y Basquiat

Un billete de un dólar con su firma podía venderse en miles. El gesto era simple, pero lapidario: lo que valía no era el papel ni la tinta, ni las reservas de Fort Knox, ni los economistas en boga, sino el entendimiento de la palabra «valor», usando el aura del artista, pero más bien actitud, usando el concepto de constructor de metáforas. Alguien que puede imaginar realidades, puede generar también moneda como una realidad.

Basquiat, por su parte, tomó el billete como un territorio de conflicto. Sus trazos impulsivos y su escritura nerviosa sobre la superficie del dinero transformaban el objeto en un botón de salida.  «Yo mismo soy valor».

El asiento de «eject» de James Bond en uno de sus primeros Aston Martin. Si Warhol jugaba con el capitalismo, Basquiat trabajaba desde el límite del sistema. Cada dólar intervenido era un grito: una crítica al poder, al racismo, a la desigualdad, y al mismo tiempo, una afirmación de su derecho a ocupar un espacio en el arte y en la economía que históricamente le habían negado.

Keith Haring, con su lenguaje de líneas radiantes y figuras danzantes, le dio al dinero un carácter lúdico. Pintar sobre un billete era un acto de desobediencia alegre. Haring entendía que el arte debía circular, como el dinero, pero con otra lógica: la de la comunidad. Su intervención sobre los dólares no los elevaba a la categoría de tesoro, sino que los transformaba en un medio de contagio visual, en una moneda alternativa de energía creativa.

Hoy, más de cuatro décadas después, un billete de un dólar intervenido por cualquiera de ellos puede alcanzar los cinco mil dólares en una subasta. Ese simple dato revela la paradoja que ellos mismos anticiparon: el arte que criticaba el mercado terminó siendo devorado por él. Lo que comenzó como una provocación se convirtió en inversión.

Pero quizás ese sea el verdadero triunfo de su gesto. Porque esos billetes, que alguna vez compraron un café o un boleto de metro, hoy obligan a pensar qué vale más: ¿el dinero o la idea que lo transforma? Warhol, Basquiat y Haring no sólo pintaron sobre papel moneda; pintaron sobre el concepto mismo de valor.

Y así, en una economía donde el arte se mide en cifras y no en visiones, un dólar puede seguir valiendo un dólar… o puede valer cinco mil de los mismos dólares. Todo depende de quién lo haya tocado, de quién haya dejado su trazo, su firma, su duda. En última instancia, el mercado terminó confirmando su profecía: el arte no sólo refleja al dinero; lo supera.

 

Este artículo fue publicado simultáneamente en aQROpolis, Plaza de Armas.