Por A.K.L.
Adentrarse en Más que la sed ama el agua, el bello poemario de mi amiga (porque creo que te puedo llamar amiga como lo hizo José Antonio Lugo en su texto), después de tanta cercanía querida Sandra, es publicado de manera póstuma por su esposo Héctor Ramírez, un gran amigo y hermano de vida. Héctor lo que hizo es abrir la puerta a un hogar donde el amor, el arte y la lucha contra la enfermedad se entrelazan con una intensidad que conmueve y transforma. Este poemario, editado con gran devoción, es un testimonio vivo de una relación que comenzó en la adolescencia y se fortaleció a través de las mareas de la vida, un legado que nos invita a ser cómplices de una historia íntima y universal. Esta reseña busca capturar la esencia de un poemario que no solo celebra el amor eterno entre Sandra y Héctor, sino que nos recuerda que, como dice el título, el amor es más que una necesidad: es un acto de entrega total al agua que sacia y vivifica.
El título Más que la sed ama el agua ya nos prepara para un viaje donde el amor no es solo un deseo, sino una fuerza que trasciende, que abraza y que persiste. Los poemas de Arvizu nos llevan de la mano por las etapas de su relación con Héctor: desde los primeros destellos de un amor adolescente, lleno de promesas y sueños, hasta los momentos más duros, donde las discusiones y las reconciliaciones tejen una trama de complicidad. Ellos construyen un universo propio «codo a codo», donde cada poema es una ventana a su intimidad.
Los poemas nos muestran un amor vivido en las buenas y en las malas, con una honestidad que desarma. Hay versos que capturan la pasión de los reencuentros, la chispa de las miradas compartidas, pero también la crudeza de las discusiones que, lejos de romper, fortalecen. Este amor no es idealizado; es real, palpable, como una corriente de agua que a veces se agita y a veces reposa, pero nunca se detiene. Uno como lector, invitado a conocer esa relación, no puede evitar sentirse parte de esa complicidad, como si Sandra y Héctor nos abrieran las puertas de su vida para decirnos: “Miren, así amamos, así vivimos”.
Pero no solo compartían un amor personal, sino una pasión desbordante por las letras y las bellas artes, un compromiso que se refleja en su trabajo conjunto en la Plataforma Arte Mx. Este poemario es una extensión de esa devoción, un lienzo donde las palabras se convierten en colores, formas y melodías. Los poemas de Sandra están impregnados de una sensibilidad artística que evoca la intensidad de una pintura o la cadencia de una pieza musical. Cada verso es una pincelada que construye imágenes vívidas, a veces delicadas, otras veces desgarradoras, pero siempre profundamente humanas.
En este sentido, Más que la sed ama el agua es una galería poética, donde cada poema dialoga con el siguiente, creando un conjunto que respira arte. La influencia y la pasión por la literatura se siente en la manera en que Sandra juega con el ritmo y la textura del lenguaje, recordando a poetas como Benedetti o Sabines, quienes sabían convertir lo cotidiano en algo trascendente. Sus versos son un canto al arte como refugio, como resistencia, como una forma de amar el mundo incluso cuando este duele.
Uno de los hilos más conmovedores del poemario es la presencia de la enfermedad de Sandra, que se cuela en los versos como una sombra, pero también como una luz que ilumina su fortaleza. No hay autocompasión en estas páginas, sino una valentía que se siente como “alfileres” en el alma. Los poemas dedicados a este tema son un testimonio de su lucha, pero también de su capacidad para encontrar belleza en medio del sufrimiento. La enfermedad no es solo un adversario; es un espejo que refleja el amor inquebrantable entre Sandra y Héctor.
En este aspecto, Arvizu se acerca a la poética de “no morir de nostalgia” ni rendirse ante el abismo. Sus versos son un acto de resistencia, un modo de transformar el dolor en algo que podemos tocar, comprender y, en última instancia, admirar. Cada poema es una corriente de agua que, aun en su turbulencia, encuentra su cauce, recordándonos que el amor y el arte pueden ser más fuertes que cualquier sombra.
El papel de Héctor Ramírez en la publicación de Más que la sed ama el agua es, en sí mismo, un poema no escrito. Al compartir estos versos con el mundo, Héctor no solo honra la memoria de la poeta, sino que nos permite conocerla, sentirla, amarla sin haberla conocido en vida. Es como si Sandra estuviera presente en las reuniones mensuales organizadas por nuestro gran amigo y escritor Misha Vaylon, acompañando a Héctor, lo cual me ha hecho verlo como un hermano más que como un amigo y —sin duda— este poemario refuerza esa conexión. Cada página es un puente hacia su intimidad, un testimonio de un amor que, como canta Juan Gabriel, es “eterno e inolvidable”.
Héctor Ramírez, al publicar este libro, se convierte en el guardián de un legado que trasciende lo personal. Es un gesto que recuerda los esfuerzos por preservar la obra de poetas, cuya poesía sigue viva gracias a quienes la comparten. En este caso, él nos ofrece un regalo: la oportunidad de ser testigos de un amor que desafía la muerte y nos invita a amar con la misma intensidad.
Si algo define a Más que la sed ama el agua es su capacidad para hablar directamente al corazón, como si la poeta estuviera frente a nosotros, contándonos su historia con la naturalidad y la sensibilidad que la caracterizaban en vida. Hay un tono coloquial que no sacrifica profundidad, una intimidad que no cae en lo cursi, y una reflexión sobre la vida que nos deja más para seguir pensando. Sandra Arvizu hace de sus poemas una herramienta para desentrañar las complejidades del amor, la enfermedad y la existencia.
El compromiso, la resistencia, la complicidad encuentran un suave susurro en la manera en que Sandra aborda su amor por Héctor y su lucha personal. Su poesía no se queda en el yo, sino que se expande hacia el nosotros, invitándonos a ser parte de su historia. Donde el amor es “mi cómplice y todo”, en este poemario el amor de Sandra y Héctor es un refugio, pero también un acto de rebeldía contra las adversidades.
Leer y releer Más que la sed ama el agua es aceptar una invitación a sumergirse en un amor que fluye, que sacia, que persiste. Es un poemario que nos recuerda que el amor no es solo un sentimiento, sino una forma de estar en el mundo, de crear, de resistir. Sandra Arvizu, a través de sus versos, nos permite conocerla, y Héctor Ramírez, al compartir este libro, nos hace cómplices de su historia.
Gracias, Sandra, por abrirnos tu corazón. Gracias, Héctor, por este regalo que fluye como el agua y sacia más que la sed. Este es un poemario imperdible, un canto al amor, al arte y a la vida que resonará en todos los que se atrevan a beber de sus versos.




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