Por Ryuichi Yahagi
Artista visual
Mirar el cuerpo de una piedra negra finamente pulida provoca en mí la sensación de estar en otra dimensión del mundo. Es como si la piedra me atrajera a su propio espacio, o quizás solo me incita a entrar a mi interioridad, a mi espiritualidad. La experiencia me conduce a quien fui en el pasado, pero también al futuro. De repente vuelvo de la ilusión y veo mi rostro reflejado en la superficie de la piedra. Parece que el tiempo se ha detenido. En el contexto de la Trienal de Echigotsumari 2012, en Japón, Jorge Ismael Rodríguez expuso en el bosque y entre estanques un conjunto de esculturas con el título de “Hope Forest”; entre éstas destacaban unas de obsidiana en forma de grandes esferas. En sus superficies bellamente pulidas se reflejaban los insectos y otros animales, el sol y la luna, incluso las personas que viven por allí eran absorbidas por esas bolas brillantes, como si se tratase de otros mundos distintos pero similares a nuestro planeta con todos sus tiempos: presente, pasado y futuro. En esta otra exposición, Masa-Crítica-Reservorio-Xalapa, Jorge Ismael también presenta esculturas de obsidiana maravillosamente pulidas. Sin embargo, una de las diferencias entre ambas exposiciones es el contexto: la primera fue en exterior y la segunda dentro de la galería.
Por otro lado, en ésta el visitante experimenta una sensación de tensión entre él y las piedras brillantes; tensión que también se observa entre las propias piedras. ¿De dónde viene esa tensión? Inicialmente podría parecer que se trata del eco entre las esculturas pero casi inmediatamente después uno puede sentir que la piedra contiene cierta armonía espiritual. En este sentido Jorge se refiere a la obsidiana como “espejo del alma”.
Los sacerdotes prehispánicos realizaban ceremonias religiosas con cuchillos de obsidiana. En diversas ofrendas se han descubierto también joyas y otros enseres decorados con piezas de este material. La obsidiana está profundamente arraigada en el mundo espiritual de diversas culturas.
Jorge Ismael Rodríguez cuenta cosas interesantes sobre su trabajo escultórico. De lo que él dice yo interpreto que al trabajar la piedra ésta renace con una nueva vida. ¿Qué quiere decir esto? Hay dos grandes formas de hacer escultura. En la primera se parte de cero, como en el modelado de barro. El otro método es devastando el material como en los casos de la piedra y la madera. Al tallar la piedra el artista no sólo le cambia la forma sino que le otorga un significado distinto al que poseía antes de ser intervenida. Puede decirse que con este acto la hace renacer. Solo la concluir el proceso el artista cumple con su destino: llevar la piedra a su renacer, pero quizás también él mismo esté siendo guiado por la obsidiana.
Las obras de Jorge Ismael Rodríguez solo se completan mediante la intervención de otras personas. Ciertamente él es el creador, él es quien las concibe, pero éstas logran su intención final cuando el espectador interactúa con ellas.
Este texto fue publicado en el catálogo de la exposición Masa-Crítica-Reservorio-Xalapa de Jorge Ismael Rodríguez en la Galería Ramón Alva de la Canal de la Universidad Veracruzana en 2017.
Acerca de Ryuichi Yahagi Nació el 14 de Julio de 1967 en la ciudad de Kawasaki, Kanagawa, Japón. En 1995 se titula en la licenciatura de Escultura en Artes Visuales de la Universidad de Bellas Artes de Kanazawa, Japón. En 2001 es Becario de la Secretaria de Relaciones Exteriores de México. En 2002-2009 realiza la maestría en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana, México. En 2010 es egresado de la UNAM al realizar el Posgrado de Artes y Diseño en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ahora Facultad de Artes y Diseño) Actualmente es Investigador de Instituto de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana, México.

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