Por A.K.L.
En la tarde del 17 de junio de 2025 el Museo del Palacio de Bellas Artes se convirtió en un escenario donde el tiempo parecía detenerse, como si los muros mismos contuvieran el aliento. Allí, en el área de murales, se presentó Espectros, la instalación de Isa Carrillo, tercera entrega del proyecto Muralismo Desbordado. Como si Camarena hubiera paseado entre las telas suspendidas, uno podía imaginar su pincel dibujando líneas sobre esta obra que, más que verse, se siente, se respira, se camina.
Espectros no es solo una instalación: es un diálogo. Un susurro entre lo ancestral y lo contemporáneo, entre lo rígido del mural y lo efímero del textil. Doce piezas bordadas a mano, dispuestas en triadas, flotan frente al mural Liberación (1963) de Jorge González Camarena, como fantasmas que reinterpretaran una historia ya contada. Carrillo, con la sensibilidad de quien hurga en el inconsciente colectivo, descompone la obra original a través de la numerología, el I-Ching y la carta astral, tejiendo un lenguaje que no se lee en líneas rectas, sino en hilos que se cruzan, se anudan, se desbordan.
La presentación fue un acto íntimo, casi ceremonial. A las 18 horas, el conversatorio moderado por Miguel Álvarez, curador asociado del museo, permitió a la artista jalisciense compartir su proceso creativo. Carrillo habló de los archivos, de los símbolos ocultos, de cómo el bordado no es solo técnica, sino memoria, resistencia, un acto de re-escritura. Sus palabras, pausadas pero firmes, evocaban los trazos de Camarena: esa capacidad de encontrar lo universal en lo cotidiano, de hacer que lo aparentemente pequeño «un hilo, una tela» revele verdades profundas.
Caminar entre las piezas de Espectros es perderse en un laberinto suave. Los textiles, con sus formas fragmentadas y sus colores que dialogan con el mural de González Camarena, transforman la experiencia bidimensional en algo táctil, tridimensional, casi vivo. La instalación no impone, invita. Es como si las telas susurraran al espectador: “toca, aunque sea con los ojos; transita, aunque sea con el alma”. Este desborde del muralismo tradicional, que Carrillo logra con una mirada crítica y poética, recuerda el pincel de Camarena haciendo una obra que seduce no por su grandilocuencia, sino por su capacidad de acercarse, de hacerse cómplice.
La elección del mural Liberación como punto de partida no es casual. González Camarena, con su utopía inacabada, dejó en sus pinceladas una promesa de libertad que Carrillo retoma y fragmenta, como si quisiera recordarnos que toda liberación es incompleta, que siempre hay más capas por descubrir. Su trabajo con textiles —anclado en prácticas ancestrales— es un acto de rebeldía silenciosa contra la rigidez de la historia oficial, contra los muros que pretenden ser inamovibles.
La obra, que permanecerá en exhibición hasta el 13 de julio de 2025, es una invitación a repensar el muralismo, pero también aplica a nosotros mismos. Isa Carrillo, con Espectros, nos recuerda que el arte no está en los muros, sino en las grietas, en los hilos sueltos, en los espectros que se niegan a desaparecer. Y uno sale del museo con la sensación de haber escuchado un poema, no con los oídos, sino con los pasos, con la piel, con el corazón.
“Hay que salvar el fuego, de la intemperie”. Y en Espectros, Isa Carrillo lo salva, lo teje, lo hace arder.



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