Por Héctor Ramírez

Mi historia en relación a la carpeta LE TROU NOIR tiene un origen bastante peculiar. Hace un par de años Jorge Ismael Rodríguez participó en una exposición colectiva con una de sus maravillosas esculturas labradas en obsidiana de un tamaño y volumen bastante considerables y, por un acierto de los curadores, su pieza fue colocada justo frente a un fastuoso cuadro de, ni más ni menos, Beatriz Zamora. Esa sección de la muestra resultó alucinante pues al coexistir dos concepciones totalmente distintas del color negro, se generó una atmósfera muy especial: el trabajo matérico de Zamora, con sus texturas y la opacidad de su enorme cuadro, contrastaban y se complementaban con la obsidiana del escultor, con sus brillos y sus reflejos. Para mi fue una experiencia realmente memorable.

Poco tiempo después, estando en el estudio de Quetzal, descubrí en uno de los muros un pequeño dibujo que me llamó poderosamente la atención. Cuando me comentó que la autora era Beatriz Zamora, mi sorpresa no fue tan grande como lo que le siguió al hallazgo: resulta que el padre de Quetzal, quien también era artista, había sido buen amigo de la maestra Zamora y él, Quetzal, la había conocido cuando era niño, sus familias tuvieron una grata relación durante algún tiempo, aunque después se perdieron la pista.

Lo platicamos y empezamos a soñar: ¡hacer una carpeta con obra de Beatriz Zamora sería maravilloso! De inmediato mi socio se dio a la tarea de conseguir su número telefónico, pues en el que tenía registrado, nadie respondía. Pasaron algunos meses de búsqueda sin que la Maestra apareciera, hasta que, finalmente, consiguió el anhelado número. Cuando nos reunimos con la maestra pude corroborar dos cosas: la primera fue que, a pesar de los muchos años de no haberse encontrado, entre Beatriz y Quetzal, existe un cordial afecto y segundo, que cuando le mostramos la calidad de las carpetas realizadas por Atelier de la imagen con los artistas Alfonso Mena, Roger von Gunten y Julio Galindo, los resultados presentados fueron un argumento lo suficientemente bueno para que Beatriz Zamora aceptara trabajar con nosotros. Sin duda, este proyecto nació con buena estrella porque justo cuando nos acercamos a proponer la edición de la carpeta, estaba en preparación la exposición El negro de Beatriz Zamora en este extraordinario recinto. Como ese título ya estaba tomado, nos dimos a la tarea de darle nombre al cartapacio y apareció en el horizonte el gran poeta nayarita Amado Ruiz de Nervo y Ordaz, mejor conocido como Amado Nervo, quien escribió el poema titulado

Le Trou Noir

Y todos los modernos sobreentienden,

quienes más, quienes menos,

esa inmortalidad del otro lado

del agujero negro.

FLAUBERT (Correspondence)

¡Para el que sufre como yo he sufrido,
para el cansado corazón ya huérfano,
para el triste ya inerme ante la vida,
bendito agujero negro!

¡Para el que pierde lo que yo he perdido
(luz de su luz y hueso de sus huesos),
para el que ni recobra ya ni olvida,
bendito agujero negro!

¡Agujero sin límites, gigante
y medroso agujero,
cómo intriga a los tontos y a los sabios
la insondabilidad de tu misterio!

¡Mas si hay alma, he de hallar la suya errante;
si no, en la misma nada fundiremos
nuestras áridas bocas, ya sin labios,
en tu regazo, fúnebre agujero!

Estos versos de Nervo están muy cerca de Zamora. De alguna manera describen el modo y la intensidad  con los que ella ha vivido su vida al lado del color negro. Desde hace siglos Le trou noir, The black Hole o el Abismo negro, como se le quiera llamar, ha despertado la curiosidad de los astrónomos y la pasión de muchos que tratan de entender lo que hay detrás de sus misterios, y en ese sentido el título nos pareció oportuno pues consideramos que, debido a su amor y  la proximidad que durante décadas Beatriz ha tenido con el pigmento, su conocimiento es realmente profundo al respecto.

Es importante mencionar que, para las carpetas que hemos editado hasta ahora, ha sido muy importante que éstas incluyan textos escritos exprofeso para que acompañen las obras de los artistas. Por ello contamos con ensayos de plumas como las de Luis Ignacio Sáinz y de Luis Rius y en el caso de Le Trou Noir no podía ser de otra manera, es por ello que invitamos para que escribiera el ensayo a Juan Rafael Coronel Rivera, quien nos entregó un magnífico texto cuyo párrafo inicial dice:

“Nunca he visto un escrito sobre papel negro. El problema de la escritura siempre ha sido con la hoja en blanco, pero nunca se involucra un papel negro. La hoja en negro. He de suponer que estas páginas brunas existen e imagino que han de ser usadas en algún rito religioso. Estimado lector, te pido que cuando leas este ensayo, que aborda el extraordinario trabajo de Beatriz Zamora, tengas en mente que esta hoja y las letras son negras, pero por alguna razón puedes leerlas.”

Atendiendo a su naturaleza como historiador, Coronel en su reflexión antropológica del negro afirma “tiene una carga sensorial todopoderosa, ya que el negro es el absoluto, la nada, la eternidad, el principio de la creación, la atmósfera donde inicia la escena del crimen…”, Lo que me llamó mucho la atención de estos conceptos, es que resultaron son muy similares a los que escuché en boca de la propia Beatriz Zamora en una entrevista que le realicé hace algunos meses.

Juan también hace una breve revisión de artistas en cuya obra ha estado presente de manera determinante el negro: El ucraniano Kazimir Malevich, el surrealista Wolfgang Paalen, Pierre Soulages, Motherwell, la estadounidense Louise Nevelson a quien considera el carácter más afín a Beatriz Zamora, y llega hasta Anish Kapoor quien hace unos años adquirió los derechos del Vantablack, la sustancia más oscura que se conoce; sin embargo, después del recuento Coronel declara: “todos los artistas anteriores están interesados en esta materia desde una perspectiva formal, en el caso de Kapoor también comercial, pero ninguno vive el negro como lo hace Beatriz Zamora, ya que ella es el negro mismo.”

Uno de los puntos más importantes del trabajo de la Maestra son sus procesos, en los cuales Juan Coronel se detiene, alternando la teoría con la poesía, como ocurre muchas veces no sólo con sus escritos, sino también en sus conversaciones cuando afirma “Lo interesante de Zamora es que en sus obras (esa repetición de repeticiones, ese rezo eterno, ese estar buscando las llamas del negro) aparece aquí y allá”.

Y me parece que Coronel Rivera tiene toda la razón, pues me sucedió que cuando visité esta espectacular exposición y en la revisión que tuvimos que hacer para seleccionar las obras que conformarían la carpeta LE TROU NOIR, siempre tuve la sensación de que es una experiencia similar a escuchar el Bolero de Maurice Ravel: el color negro en la obra de Beatriz Zamora nunca es el mismo, tal y como sucede en la música de Ravel; en el caso del sonido, las diferencias se establecen por la suma de los instrumentos, por los matices en el volumen o los crecendos, las vueltas al principio y los volver a empezar, llama la atención que la infinita repetición siempre suena de una manera distinta. En las obras de Zamora, son los materiales, las intenciones, las intensidades, la vuelta al principio y el volver a empezar con otra obra en la que el negro ya cambió de piel para, en el fondo, ser negro… pero sin ser nunca el mismo color negro.

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En todas las carpetas que hemos editado puedo afirmar, con mucho orgullo, que enfrentamos retos en distintas direcciones, siempre superando las pruebas. En el caso de Utopías imposibles de Alfonso Mena, siendo él un artista tan talentoso como exigente y riguroso con su trabajo, desde las primeras reuniones aprobó las pruebas que le presentamos; la que realizamos con el maestro von Gunten lleva por título Evocaciones y, al ser un artista que maneja magistralmente el color, diré con total satisfacción que nos aprobó los Bon a Tiré sin hacernos correcciones; por lo que se refiere a las dos carpetas con fotografías de Julio Galindo, es un orgullo que alguien especializado en procesos tradicionales como el Platino/Paladio haya decidido aceptar nuestra propuesta para reproducir sus extraordinarias imágenes por medios digitales y que se encuentre muy satisfecho con los resultados.

En este punto, quisiera hacer una especie de “comercial”.  Parte del éxito que hemos tenido en el desarrollo de los proyectos de Atelier de la imagen se debe al control que tenemos en los procesos que intervienen en nuestra operación, ya que realizamos la curaduría, el diseño, la reprografía, hasta llegar a la impresión. Menciono esto porque Le Trou Noir, la carpeta de la maestra Zamora, presentó desafíos muy grandes por la naturaleza de su obra. La captura fotográfica de las piezas fue fundamental para obtener los resultados que tienen ustedes a la vista. Como podrán ver, las imágenes a pesar de lo profundo  de sus maravillosos e intensos negros, tienen detalles de una elegante sutileza o son totalmente fieles a su contundente composición matérica, y esto se debe a que mi socio y amigo aquí presente realizó un trabajo impecable al ejecutar las fotografías de las obras, lo que trajo como consecuencia esto que acabo de mencionar en los cinco giclées que conforman la carpeta.

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También es importante señalar que los giclées que contiene, entran en una categoría muy especial ya que parten de obras cuyas dimensiones reales pueden alcanzar los tres metros y en su composición intervienen diferentes tipos de materias o elementos. Aquí me gustaría señalar que el resultado no es precisamente una imagen fotográfica, en el estricto sentido de la técnica, pero tampoco es lo que formalmente podría considerarse obra gráfica. Estamos entonces ante piezas que navegan entre los dos universos y de ahí la mágica atracción que ejercen en el espectador.

Es importante compartirles algo que sucedió hace algunos días cuando estuve compartiendo la invitación para esta presentación. Alguien me pidió que le comentara ¿en qué consisten los giclées? Primero que nada agradecí su honestidad y me di cuenta que, como muchas veces sucede, creemos que la terminología que usamos, para todos es perfectamente comprensible, porque lo es para nosotros, pero en realidad no debemos dar por un hecho que esto es así.

El término «Giclée» es un neologismo que proviene del verbo francés «gicler», que significa «rociar». La impresión Giclée es también conocida como impresión Fine Art, y se trata de un método que combina tecnología avanzada como son los plotters (en el caso del nuestro es un Epson de 12 tintas), recursos como papeles 100% algodón de alto gramaje así como otros sustratos y por supuesto talento humano para producir impresiones artísticas de la más alta calidad. Más allá de las virtudes técnicas que tiene este sistema de impresión, creo que su valor real es la posibilidad de abrir la puerta para nuevos coleccionistas de arte, para que obtengan reproducciones de obra de grandes artistas, en series limitadas, lo cual les da un gran valor en todos los sentidos, como es el caso de LE TROU NOIR que estamos presentado hoy, la cual consiste en 20 carpetas firmadas y numeradas por la maestra Beatriz Zamora, con su respectivo certificado de autenticidad.

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Por último, me gustaría agradecer a Francisco y a Beatriz, hijos de la maestra, por su apoyo en la realización de esta edición, pero sobre todas las cosas dar la gracias a Beatriz Zamora por su incansable lucha, por su persistencia, por su necedad al entregarnos obras como las que podemos admirar en las salas de este Museo;  por contagiarnos su inagotable pasión por el color negro y por las maravillas que ha creado y esperamos siga creando con este maravilloso pigmento.

 

Este texto fue leído por el autor en la presentación de la carpeta LE TROU NOIR con cinco giclées de Beatriz Zamora y un ensayo de Juan Rafael Coronel Rivera, en el Museo de la Ciudad de México, en el marco de la exposición EL NEGRO DE BEATRIZ ZAMORA. Enero 2025.