Bob Dylan vs. Jaime López: ¿y si el Nobel mirara hacia el sur?

Bob Dylan vs. Jaime López: ¿y si el Nobel mirara hacia el sur?

Por Juan José Díaz Infante

Cría cuerdos y te sacaran los locos

Jaime López

Ahora que hay todo un discurso de renovación moral en la cultura mexicana, me he puesto a reflexionar sobre el giro que el nuevo “stablishment del anti stabishment “, cuyos nuevos criterios piden que haya una disculpa de España por habernos conquistado, habría que hacer también una reflexión sobre nuestra relación con Suecia. ¿Por qué no? Esta reflexión me ha llevado 9 años en gestación.

Cuando Bob Dylan ganó el Premio Nobel de Literatura en 2016, la Academia Sueca justificó su decisión diciendo que el músico estadounidense había creado “nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción americana”. Nadie duda de su talento: Dylan convirtió la canción popular en un espacio de protesta y en una forma de literatura moderna. Pero el Nobel, que presume de amplitud, mostró también su miopía cultural: miró a Estados Unidos, pero no al sur del continente. Una especie de explorador de nuevas tierras, pero que ya hayan ido antes, exploración selectiva.

Porque si de poetas de la canción se trata, el paralelo inevitable no está solo en Joan Manuel Serrat, con su ternura mediterránea, sino en alguien más incómodo, más crudo y más radical: Jaime López, el rocanrolero mexicano que convirtió la jerga urbana en poesía y la contracultura en acto literario.

Jaime López escribe canciones como códigos, describe una cotidianidad del tercer mundo sin saber qué significa “normal”, se inventa una  narrativa inteligente que es un rompecabezas y que tiene varias soluciones: puede ser crítica, puede ser costumbrista o puede ser una canción.

Comparemos a Dylan con López.

Derechos humanos: dos mundos distintos

  • Dylan cantó por los derechos civiles en un país donde, al menos en el papel, esos derechos existían. Su música se volvió bandera para una lucha legítima, pero también reconocida: una parte de “la sociedad” ya los tenía, y el debate era cómo incluir a los que faltaban.
  • López, en cambio, compuso en un México donde los derechos humanos no los tiene nadie. Un país donde el rock estaba censurado, la contracultura vigilada y la represión era política cotidiana. Hacer canción de denuncia en México no era alzar la voz en un sistema con grietas: era cantar contra un muro armado. La comisión de Derechos Humanos en México es muy reciente, es de 1990.

El lenguaje: universalidad vs. hermetismo local

  • Dylan escribió con símbolos bíblicos y modernistas, un lenguaje que podía universalizarse, traducirse, exportarse.

Bob Dylan escribió muchas canciones de protesta que se convirtieron en himnos para los movimientos por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam, como «Blowing in the Wind», «A Hard Rain’s a-Gonna Fall» y «Masters of War». Aunque no siempre se consideró un artista activista, sus letras abordaban temas como la injusticia social, el racismo y el pacifismo, utilizando noticias y eventos de su época para inspirar su poesía y criticar el status quo.

  • López inventó su propio código: la jerga chilanga, el caló urbano, la ironía mexicana. “Chilanga Banda” no se traduce, no busca ser comprendida por un sueco ni por la academia: es un idioma dentro del idioma. Un hermetismo poético que exige pertenecer para entender.

López  se caracteriza por una actitud que va en contra de lo convencional, abordando la realidad desde una perspectiva pragmática y poco conformista, a menudo de forma irónica.

 

¿Quién es más innovador?

  • Dylan fue innovador porque llevó la canción al terreno de la literatura.

 

  • López lo es porque llevó la calle al terreno de la poesía. Si Dylan es canon en vida, López es todavía un poeta subterráneo, incómodo, casi ilegible para la mirada europea.

 

Manifiesto final

Señores de la Academia Sueca, su Nobel de Literatura sigue siendo profundamente eurocéntrico. Reconocer a Dylan fue seguro: traducible, vendible, culturalmente digerible. Pero la verdadera universalidad no está en premiar lo que ustedes entienden, sino lo que los obliga a salir de su comodidad.

Dylan cantó desde un país con instituciones y derechos; López lo hace desde un país donde nadie los tiene. Dylan habló con un inglés global; López inventó un español cifrado en claves imposibles para su oído. Dylan fue la voz de una protesta reconocida; López es la voz de un continente invisible.

El Nobel celebró al poeta que cabía en su biblioteca. El reto pendiente es reconocer al que destruye sus categorías, incomoda sus cánones y habla en un idioma que Estocolmo no quiere escuchar.

Porque la pregunta ya no es si Dylan merecía el Nobel. La pregunta es más incómoda: ¿cuánto tiempo seguirá el Nobel premiando lo que entiende y sin saber lo que lo desborda?

Solo queda decir y cito a Bob y a James, a ambos:

“Ahí va la chilanga banda

Chinchín si me la recuerdan

Carcacha y se les retacha”

Där går chilangabandet

Tyst om du påminner mig

«Galen och de kommer att bli tillrättavisade»

“The answer my friend is blowing in the wind”

¿Quién genera innovación en la poesía?

Quién podría decir y entender en sueco “Por mi raza hablará el Piporro” y traducirla al sueco y sumarle “Quítame tu cómic de mi vista”.

För min ras kommer piporro att tala

o

ta din serietidning ur min synhåll

¿identificar esto como algo sublime?

Playlist de Jaime López

  • La soga
  • Chilanga Banda
  • Con cara de memorándum
  • 1 a Calle de la Soledad
  • Dylancico
  • Mi Libertad
  • De este lado del río
  • Tropas de ocupación
Espectros de Isa Carrillo: un murmullo textil en el corazón del muralismo

Espectros de Isa Carrillo: un murmullo textil en el corazón del muralismo

Por A.K.L.

En la tarde del 17 de junio de 2025 el Museo del Palacio de Bellas Artes se convirtió en un escenario donde el tiempo parecía detenerse, como si los muros mismos contuvieran el aliento. Allí, en el área de murales, se presentó Espectros, la instalación de Isa Carrillo, tercera entrega del proyecto Muralismo Desbordado. Como si Camarena hubiera paseado entre las telas suspendidas, uno podía imaginar su pincel dibujando líneas sobre esta obra que, más que verse, se siente, se respira, se camina.

Espectros no es solo una instalación: es un diálogo. Un susurro entre lo ancestral y lo contemporáneo, entre lo rígido del mural y lo efímero del textil. Doce piezas bordadas a mano, dispuestas en triadas, flotan frente al mural Liberación (1963) de Jorge González Camarena, como fantasmas que reinterpretaran una historia ya contada. Carrillo, con la sensibilidad de quien hurga en el inconsciente colectivo, descompone la obra original a través de la numerología, el I-Ching y la carta astral, tejiendo un lenguaje que no se lee en líneas rectas, sino en hilos que se cruzan, se anudan, se desbordan.

La presentación fue un acto íntimo, casi ceremonial. A las 18 horas, el conversatorio moderado por Miguel Álvarez, curador asociado del museo, permitió a la artista jalisciense compartir su proceso creativo. Carrillo habló de los archivos, de los símbolos ocultos, de cómo el bordado no es solo técnica, sino memoria, resistencia, un acto de re-escritura. Sus palabras, pausadas pero firmes, evocaban los trazos de Camarena: esa capacidad de encontrar lo universal en lo cotidiano, de hacer que lo aparentemente pequeño «un hilo, una tela» revele verdades profundas.

Caminar entre las piezas de Espectros es perderse en un laberinto suave. Los textiles, con sus formas fragmentadas y sus colores que dialogan con el mural de González Camarena, transforman la experiencia bidimensional en algo táctil, tridimensional, casi vivo. La instalación no impone, invita. Es como si las telas susurraran al espectador: “toca, aunque sea con los ojos; transita, aunque sea con el alma”. Este desborde del muralismo tradicional, que Carrillo logra con una mirada crítica y poética, recuerda el pincel de Camarena haciendo una obra que seduce no por su grandilocuencia, sino por su capacidad de acercarse, de hacerse cómplice.

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La elección del mural Liberación como punto de partida no es casual. González Camarena, con su utopía inacabada, dejó en sus pinceladas una promesa de libertad que Carrillo retoma y fragmenta, como si quisiera recordarnos que toda liberación es incompleta, que siempre hay más capas por descubrir. Su trabajo con textiles —anclado en prácticas ancestrales— es un acto de rebeldía silenciosa contra la rigidez de la historia oficial, contra los muros que pretenden ser inamovibles.

La obra, que permanecerá en exhibición hasta el 13 de julio de 2025, es una invitación a repensar el muralismo, pero también aplica a nosotros mismos. Isa Carrillo, con Espectros, nos recuerda que el arte no está en los muros, sino en las grietas, en los hilos sueltos, en los espectros que se niegan a desaparecer. Y uno sale del museo con la sensación de haber escuchado un poema, no con los oídos, sino con los pasos, con la piel, con el corazón.

“Hay que salvar el fuego, de la intemperie”. Y en Espectros, Isa Carrillo lo salva, lo teje, lo hace arder.

 

La compasión que murmura en el corazón

La compasión que murmura en el corazón

Por A.K.L.

En un rincón del mundo, donde las calles vibran con pasos apresurados y los humanos persiguen sus propios afanes, ella camina despacio, atenta al latido silenciado de las criaturas. No es una heroína, no lleva capa ni proclamas; es solo una mujer, una más, que ha aprendido a escuchar el murmullo de los seres sin voz. Los animales, compañeros de este planeta, la observan desde los márgenes: un gato flaco en un callejón, un pájaro buscando agua, un gatito blanco de tres semanas, con la pierna rota, maullando débilmente en una esquina. Y ella, con la torpeza de quien aprende a ser humana, se detiene.

No cree en grandes gestos. No. Es algo más simple, más hondo, como un verso que se escribe sin alarde. Sabe, porque lo lleva grabado en el alma, que la compasión hacia los animales es un deber, un puente hacia lo humano. Lo aprendió por la vida que enseña lo bello, por los días que le mostraron que cada criatura lleva un destello de existencia, un soplo de ternura que pide ser visto. Cada corazón latiendo es un reflejo de nuestra propia fragilidad, un llamado a no mirar para otro lado.

Una tarde, bajo un sol que quema el asfalto, ve al gatito blanco, apenas un suspiro de vida, con su pierna rota temblando en el suelo. No lo piensa mucho; saca un pañuelo, envuelve con cuidado esa frágil criatura, y busca un lugar donde pueda sanar. No hay testigos, no hay aplausos, solo el maullido suave y unos ojos inmensos que la miran como si entendieran. En ese instante, siente que el universo se alinea, como si la bondad misma sonriera desde un rincón invisible. Recuerda una historia de alguien que dio agua a una criatura sedienta y encontró paz, y otra de quien encerró a un gato hasta matarlo y cargó con su sombra. Son relatos que no se olvidan.

No es perfecta. A veces se distrae, a veces olvida. Pero lleva una certeza: la bondad hacia los animales refleja la luz del corazón. Cada gesto (un poco de leche para el gatito, un refugio para un pájaro, una caricia a una criatura sin nombre) es una semilla en el alma, un murmullo que resuena en lo más hondo. Porque quien ama a los animales no solo cuida de ellos; abraza el delicado equilibrio de la vida, el arte silencioso de existir.

Y así, mientras el mundo corre ciego, ella camina con los bolsillos llenos de migajas y el corazón abierto a la prueba de la compasión. No busca recompensas, pero las encuentra en cada acto de bondad, en cada mirada animal que le devuelve gratitud. Sabe que la misericordia es una llave, y al usarla, no solo salva a los más débiles, sino que se salva a sí misma. Porque, como murmura el desierto, como susurra el viento, quien cuida a los animales encuentra la verdadera humanidad.

 

La noche que Juan Coronel encendió con sus 400 conejos

La noche que Juan Coronel encendió con sus 400 conejos

por A.K.L

El aire olía a mezcal quemado y a tacos de canasta sudando en sus cestas de mimbre, como si la noche misma hubiera decidido emborracharse con nosotros. Era el cumpleaños de nuestro querido Juan, nuestro maldito héroe, nuestro amigo, el tipo que podía mirar a la muerte a los ojos y convencerla de tomarse un trago en lugar de llevárselo. El lugar, un rincón mágico, perdido de la Ciudad de México, donde el folklor se pegaba a las paredes como pintura fresca: con grabados imposibles, macarrones sonriendo en la barra, y un altar con su DJ que parecía gritarle al universo que aquí, esta noche, nadie se iba a morir de aburrimiento.

Juan, con su sonrisa que era mitad rugido, mitad poema, estaba en el centro de todo, como un sol que sabe seguir ardiendo. Los 400 conejos, esos espíritus del mezcal que flotaban en cada copa, parecían danzar a su alrededor, susurrándole secretos que lo hacían reír más fuerte. El tipo era una fuerza, un lienzo viviente de todo lo que México tiene de chingón: el arte, la sangre, la memoria, el desmadre.

La música era un viaje en el tiempo. La DJ —una ninfa con cara de saberse todos los secretos de los 80 y los 90— pinchaba discos que nos hacían retroceder a los días en que el mundo parecía más sencillo, o al menos más ruidoso. Michael Jackson se mezclaba con Los Fabulosos Cadillacs, y de pronto sonaba un himno del noreste caliente 45° de Plastilina Mosh que hacía que hasta los más duros se pusieran a bailar como si nadie los viera. La pista era un caos bendito: primos y sobrinos Coronel moviéndose como si la vida dependiera de ello; Martín Coronel con su camisa desabotonada y un mezcal en la mano; Héctor Ramírez viendo bailar a sus amigos como si estuvieran peleando con el ritmo; Bety Perea estaba bailando como si nos estuviera contando historias de las que solo ella sabía el final, riendo con esa complicidad que solo los años y las copas pueden forjar. Ximena Jordán, con su elegancia de otro mundo, se movía como si flotara, dejando un rastro de chispa que encendía a todos. Juan Pablo Varela y Assaf Katz Levy, los compas inseparables, estaban en la pista de baile armando un torneo de quién podía sacar los pasos prohibidos más locos de los días. Y Juan, el festejado, con esa mirada de quien ha visto demasiadas cosas pero aún se sorprende, brindaba con mezcal como si cada trago fuera una plegaria.

El lugar estaba vivo ¡joder!. Las paredes vibraban con murales que parecían moverse con la música, mirándonos desde los rincones, como si ellos también quisieran un trago. Había arte por todos lados del artista gráfico Noel Rodríguez que contaban historias de la CDMX, de rincones olvidados, lienzos con negros tan vivos que dolían los ojos. Cada trago de mezcal era un recuerdo, cada copa de vino era una puñalada de nostalgia. Los compas del Bain, esos hermanos de batallas escolares, estaban por todos lados, abrazándose, gritando, recordando los días en que el mundo era un patio de recreo y Juan era el rey de las travesuras.

El @Mezkal-perro artesanal corría como río sagrado, las botellas de vino tinto se vaciaban como si fueran agua y los tacos de canasta desaparecían en un frenesí de manos hambrientas. Había algo en el aire, una electricidad que solo pasa cuando la gente se junta para celebrar a alguien que de verdad importa. Juan Coronel no es solo un amigo, es un imán, un cabrón que atrae a todos con su forma de vivir: sin miedo, sin freno, con el corazón abierto como un libro que nunca termina.

La noche se fue poniendo más suave, más profunda. Entre el humo del mezcal y las luces tenues, la gente empezó a hablar de las cosas que importan. Martín Coronel contó una historia de cuando él y Juan Rafael se escaparon de casa para hacer travesuras, y todos reímos hasta que nos dolió la panza. Héctor Ramírez confesó que Juan le había escrito algo tan bello en su poemario Más que la sed ama el agua y levantó su copa para brindar. Mónica y Lourdes hablaron de los días en que todos éramos más jóvenes, más estúpidos, pero también más libres. Y Ximena Torbellino con ese ímpetu que la hacía parecer eterna, dijo algo que se quedó grabado: “Juan no cumple años, solo le da otra vuelta al sol para que no se olvide de brillar.”

Cuando la DJ puso “Cumbia Poder” de Celso Piña (porque, claro, el desmadre no respeta épocas), todos perdimos la poca dignidad que nos quedaba. Juan estaba en el centro, bailando con una sonrisa la cual no paraba de invitarnos a disfrutar la vida, mientras tanto los 400 conejos reunidos parecían aplaudir desde el aire. La nostalgia y la alegría se mezclaban como el mezcal con el limón, y por un momento, el tiempo se detuvo. Éramos todos los que éramos, y nadie más importaba.

La noche terminó cuando el cielo empezó a clarear, como si el sol estuviera celoso de la fiesta y quisiera meterse al desmadre. Juan, con la camisa medio desabrochada mostrándonos en el pecho su collar de antifaz y una sonrisa que podía romper corazones, levantó una última copa emulando un “Por los que están, por los que no y por los que siempre serán”, y todos brindamos, aunque algunos ya no podían ni sostener el vaso (claro está).

Juan Rafael Coronel Rivera, el hombre que convirtió su cumpleaños en una leyenda, que juntó a los suyos bajo un cielo lleno de arte, música y mezcal, que nos recordó que vivir es un desmadre, pero uno bien chingón. Que los 400 conejos lo cuiden siempre, porque amigos como él no se encuentran en cualquier esquina.

Feliz cumpleaños y Larga vida a Juan Coronel.

 

Pop Up Cultura

Pop Up Cultura

Por Juan José Díaz Infante

¿Qué significa Pop Up? Es un término tomado de los libros de niños, donde la página se arma y se desarma tridimensionalmente al pasarla, que aparece y desaparece, es efímero, pero solamente existe el tiempo necesario. Es un recurso que nos permite narrar algunos vértices del arte de otra manera. Esta columna es un diario de viaje que pone algunas observaciones del arte a su disposición.

El camino empieza de una manera arbitraria con Warhol y la llegada a la Luna en 1969. Sin ninguna razón, sólo por que sí. En 1969, sin computadoras, solamente con pizarrones y matemáticas llegamos a la Luna. Es un momento de la humanidad que conviene tener de referencia, una manera distinta para tratar de entender el arte del Siglo XX y los tiempos extraños que estamos viviendo en el Siglo XXI.

“¿Por qué debemos ir a la luna?”

John F. Kennedy

Un poco antes de fallecer, Andy Warhol estaba trabajando en un importante portafolio titulado TV, en el que pretendía rastrear la historia de la televisión. Moonwalk, la única imagen  que terminó, es un ejemplo de su exploración del tema de la fama, el hombre en la Luna es un hombre famoso. Warhol hizo una composición de varias imágenes fotográficas. Fotografías originales de la NASA, la documentación de la llegada, para recrear un momento televisivo a partir de las fotos fijas, no se puede negar lo importante de esta transmisión histórica a millones de espectadores, en video de baja resolución (8 cuadros por segundo en blanco y negro) .  Warhol jugó con todos estos elementos y acabó generando una imagen televisiva inexistente, pero que todos tenemos en la memoria, el astronauta Buzz Aldrin parado junto a la bandera estadounidense que se colocó en la Luna. Warhol vuelve a este momento seminal a través de la técnica inventada por él mismo, la combinación de la fotografía y de la serigrafía. Deja un rastro de aquello que es lo más famoso.

Pero, hablemos de la fotografía sobre la que se basa Warhol, Buzz Aldrin es el segundo hombre en llegar a la Luna, sin embargo la cámara estaba en el pecho del primer hombre en llegar a la Luna y es así como esta imagen se vuelve referencial e histórica. Fue tomada con una cámara Hasselblad y es la imagen en la que se basa Warhol para hacer su obra Moonwalk. Para Warhol el momento televisivo más importante en la historia de la humanidad. El tema de Warhol era “la fama”, la televisión era el aparato por excelencia de creación de fama en el horizonte de la cultura americana. Esta foto, representa al atleta enmascarado que ganaba la competencia de la guerra fría, la gran carrera del poder sobre el mundo y sobre los mundos. El capitalismo fue el ganador.

¿Qué significa llegar a la Luna?. 1969 se puede ver como un año parteaguas. Es el clímax de la gran carrera espacial. Rusos versus norteamericanos por la supremacía del espacio. Es el momento histórico donde se comprueba que podemos llegar a otro planeta. Es bonito reconstruir las cosas que se lograron en esta carrera. Era una carrera de poder. Los rusos desde 1957 habían conquistado todas las marcas espaciales, el primer satélite, el Sputnik, el primer hombre en órbita, Yuri Gagarin, la primera caminata espacial, la primera mujer en el espacio.  Los asesores científicos de Kennedy tenían que generar un meta lo suficientemente lejana y dificil para ganarle a los rusos: Llegar a la Luna.

La obra de arte: ¿cuál es?, ¿la fotografía del astronauta o la serigrafía?.Quién es el artista, Warhol, Armstrong o quizá, John F Kennedy que es el que da el discurso en Rice University en 1961: “Elegimos ir a la Luna” o quizá el asesor de Kennedy, Ted Sorensen, el escritor del discurso, que escribe uno de los textos más importantes de la historia del espacio.

“Hasta el momento no hay luchas, prejuicios ni conflictos nacionales en el espacio ultraterrestre. Sus peligros son hostiles para todos nosotros. Su conquista merece lo mejor de toda la humanidad, y es posible que su oportunidad de cooperación pacífica nunca vuelva a presentarse. Pero ¿por qué, dicen algunos, la luna? ¿Por qué elegir esto como nuestro objetivo? Y bien podrían preguntarse por qué escalar la montaña más alta. ¿Por qué, hace 35 años, volar por el Atlántico? ¿Por qué Rice juega contra Texas? Nosotros elegimos ir a la Luna. Elegimos ir a la Luna en esta década y hacer las otras cosas, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque esa meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque ese desafío es uno que estamos dispuestos a aceptar, uno que no estamos dispuestos a posponer y otro que pretendemos ganar, y los demás también.”

Para mí lo interesante es que la energía de estas tres piezas son la suma de las mismas. El discurso de Kennedy es una obra de poética, la fotografía de Armstrong es una joya, la serigrafía de Warhol, suma todos los elementos y genera una síntesis de todo lo imaginario. Una gran historia en una sola obra.  Para llegar a esa imagen tuvieron que pasar muchas cosas en 10 años, la carrera espacial, cada grano de arena con grandes cargas de energía, y la obra de Warhol es la suma de un todo.

El presente artículo ha sido publicado simultáneamente en: Revistadesubastas.com y en el periódico PLAZA DE ARMAS de Querétaro

Entre el río y el mar

Entre el río y el mar

No sé si es la edad, pero ahora me fijo más en política y otras cosas por el estilo. Tampoco es que México sea un país progresista o liberal, pues es sabido que todos los días hay muertos y violencia policiaca y desaparecidos.

Pero cuando vives en una geografía supuestamente progresista y te enteras que hay un rapero en la cárcel por hacerle un rap al rey de España o que en Alemania te quieren meter a la cárcel por decir una frase que en inglés comienza con “desde el río hasta el mar…” Es entonces cuando te das cuenta que en todos lados se cuecen habas, que el sistema está igual de torcido porque al usar ciertos logos en tu ropa y el echar ciertas porras en la calle te procesan como terrorista o como un individuo que apoya y fomenta crímenes contra la humanidad.

Supuestamente habrá un proceso judicial, dicen que se investigará el contexto, la causa y la intención y de esta manera un aparato legal decidirá las consecuencias, pero de momento —si por ejemplo— te compras una playera negra y le dibujas una frase o un logo, automáticamente te conviertes en enemigo de la sociedad; una sociedad que se opone a las dictaduras, autocracias y supuestamente a la opresión, te conviertes en enemigo bajo una ley que crea un espacio de excepción dentro del derecho humano a la libre expresión con el argumento de que lo que dices o vistes o cantas es un delito contra la humanidad. Se siente como si lo que se propusieran es detener a un joven Hitler antes de que manipule a las masas y con ello detener la propaganda en infraganti. Es la justificación de la ley en este caso.

Pero yo aún no entiendo como un logo, una frase pueden llevarte a tres años de prisión, ¿se supone que si lo dices con mucho, mucho odio te conviertes en un terrorista?

O sea que si usas esa playera negra con los garabatos prohibidos en una manifestación, te toman la foto y te ganas una estancia pagada en una prisión del primer mundo (y adiós visa). Pero los personajes que de verdad tienen el poder de manejar a las masas, los que están sobre el aparato que redacta las reglas de la libre expresión o que de hecho son a veces los mismísimos personajes que definen estas reglas, esos personajes se pueden santiguar con una mano y proclamar que están defendiendo a una sociedad y liberándola de las garras de la perdición, de todo lo que es malo y de lo que no deseas que te suceda, por ejemplo: ser pobre, no tener internet, trabajar muchas horas y no poder comprar nada; en otras palabras son los que nos defienden de todos los cuentos chinos (y rusos y árabes y de todo lo que da miedo y está mal).

Justo ahora estoy leyendo un libro sobre el guión cinematográfico y la filosofía de lo que significa ser un producto en un mercado global, del sistema que crea narrativas para cada individuo en la sociedad. Nosotros elegimos (de los guiones disponibles) nuestro guión para vivir, y podemos ser felices, y debemos ser felices porque en otros guiones hemos aprendido a temer (probablemente con buenas razones).

Pero el hecho de que las sociedades occidentales de primer orden criminalicen una frase pegajosa, la verdad da coraje. Da coraje que los ministros (secretarios de gobierno) de esas mismas sociedades salgan a decir que se quieren salir de las Naciones Unidas porque el resto de las naciones quieren algo que a ellos no les gusta. El coraje pasa y queda la decepción y un pasaporte expirado y las noticias lejanas de las manifestaciones locales de otra geografía lejana con sus playeras y sus frases, otra geografía con sus ríos y sus mares.

Texto e imagen de Röf